¿Qué es el aceite de orujo de oliva?

El aceite de orujo de oliva pertenece a la familia del olivar y es el segundo mejor aceite vegetal, por detrás del aceite de oliva en cualquiera de sus variedades. Es rico en ácido oleico, contiene antioxidantes y otros compuestos bioactivos con potenciales propiedades beneficiosas para la salud.

Su calidad lo hace idóneo para utilizarlo en un mayor número de frituras que el resto de aceites sin alterar las propiedades de los alimentos, lo que lo convierte en un producto más que rentable para la hostelería y la industria alimentaria ya que garantiza unos fritos dorados, crujientes, ligeros y sabrosos.

¿Cómo se obtiene el Aceite de Orujo de Oliva?

Aceite de orujo de oliva

El aceite de orujo de oliva se obtiene a través de un proceso sostenible de extracción del alpeorujo (agua, piel, hueso y restos de aceite que resulta de la molturación de la aceituna) y del refinado del aceite de orujo crudo que resulta de esta extracción. Este proceso finaliza cuando el aceite de orujo refinado se encabeza o mezcla con una pequeña proporción de aceite de oliva virgen extra o aceite de oliva virgen.

Así se consigue un aceite con un contenido de hasta el 85% de ácidos grasos monoinsaturados, principalmente ácido oleico (C18:1.). Hasta un 2% del aceite (fracción insaponificable) está formado por un conjunto de compuestos con propiedades bioactivas.

El resultado es siempre un aceite con unos beneficios y cualidades que lo hacen el mejor aceite para la fritura.

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Valor medioambiental del Aceite de Orujo de Oliva

Valorización y sostenibilidad

Detrás del Aceite de Orujo de Oliva hay mucho más que un producto alimentario único. Durante su producción, el sector orujero realiza una gran labor medioambiental, ejemplo de economía circular y residuo cero. Si de la aceituna, el 20% es aceite de oliva, el 80% restante es alpeorujo u orujo graso húmedo. Este tiene una vida útil gracias al sector orujero que lo transforma en distintos productos de valor haciendo sostenible toda la actividad olivarera.

Como hacer churros caseros: churros con manga pastelera

Hoy traemos una receta tan deliciosa como tradicional. Los churros son todo un clásico para desayunar o merendar. También se toman de postre y son un “reconstituyente” después de trasnochar. Con el frío, incluso, apetecen más, acompañados de un buen chocolate caliente o, simplemente, de un café con leche.

Masa de churros, ¡el secreto está en sus 4 ingredientes!

Partiendo de la misma masa – hecha solo con agua, harina, aceite y sal – suelen presentarse acanalados, en forma de lazo o de bastón. La única diferencia con las porras es que la masa lleva bicarbonato y hay que dejarla reposar antes de freír. Veamos cómo disfrutar de ellos en casa.

Los churros se preparan en fritura, por lo que el Aceite de Orujo de Oliva es un básico de esta receta. Se trata de una variedad de aceite especialmente recomendado para freír por su calidad y durabilidad. Calidad nutricional porque viene del olivar y está compuesto por ácidos grasos monoinsaturados en un 98%, principalmente ácido oleico. Y durabilidad porque puede usarse más del doble de veces que otros aceites de semillas.

Su sabor suave es otra de las ventajas ya que no alterará el gusto original de la masa. Además, el punto ideal de los churros es un toque crujiente por fuera y esponjoso por dentro. Con una buena técnica de fritura y a la temperatura adecuada, el Aceite de Orujo de Oliva nos ayudará a conseguir esa textura, evitando el exceso de grasa y que los churros puedan caer pesados.

Tan solo necesitamos:

  • 180 gr de harina o una taza
  • 240 gr de agua o una taza
  • 1/2 cucharadita de sal
  • Aceite de Orujo de Oliva

Churros caseros: en el paso a paso, presta atención a la fritura

  1. Empezamos poniendo a calentar el agua con 2 cucharas de Aceite de Orujo de Oliva y la sal.
  2. Cuando el agua comience a hervir, añadimos la harina de golpe. Seguidamente, apartamos del fuego.
  3. A continuación, removemos con una cuchara de madera hasta que la masa se despegue de las paredes del cazo. Tiene que quedar homogénea y sin grumos de harina. Aunque sea algo laborioso, es importante conseguir esta textura.
  4. Dejamos que la masa se enfríe durante un tiempo aproximado de 5 minutos.
  5. Cuando la masa esté templada, procedemos a colocarla en una manga con una boquilla rizada gruesa.
  6. Uno a uno y, con cuidado, vamos formando los churros en la forma que prefiramos: lazo, bastón, etc.
  7. Llega el momento de la fritura. Echamos una cantidad contundente de aceite para que permitan cubrir totalmente los churros y dejaremos espacio suficiente entre las distintas piezas. En este caso, el aceite tiene que estar a temperatura media. Los freímos hasta que estén bien crujientes y dorados.
  8. Una vez que consigamos este punto, los sacamos del aceite con ayuda de una espumadera y los vamos escurriendo sobre papel de cocina para que absorba el exceso de grasa.

¿Se te antoja un chocolate caliente?

  1. Si quieres acompañar los churros de un chocolate caliente, en una cazuela calentamos la leche (también se puede preparar con agua). Troceamos chocolate, y cuando la leche esté caliente, pero no hirviendo, lo añadimos a la cazuela. Con unas varillas mezclamos para que el chocolate se disuelva. Cuando empiece a hervir, retiramos del fuego. Para que quede más denso se puede dar un doble hervor.
  2. Servir y degustar.

Espolvoreados con azúcar o acompañados de chocolate son las dos modalidades más habituales de presentación. Una receta típica y deliciosa para desayunar, tanto para madrugadores como para trasnochadores. También de postre o merienda.

Jose Cuñat

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