La cita internacional vuelve a reinterpretar la paella valenciana con recetas alejadas de la tradición mientras el entorno elegido para cocinar y servir comida genera críticas por el estado del techo
El World Paella Day ha vuelto a celebrarse en Valencia como escaparate internacional de uno de los platos más reconocibles de nuestra gastronomía, pero la edición de este año ha dejado también imágenes y sensaciones que invitan al debate. A media mañana, el recinto presentaba un ambiente bastante desangelado, con escasa presencia de público y una asistencia formada principalmente por curiosos, participantes y acompañantes.
La iniciativa reúne a cocineros procedentes de diferentes países para elaborar sus propias versiones de la paella. Precisamente ahí aparece una de las críticas recurrentes: buena parte de las recetas presentadas se alejan notablemente de la paella valenciana tradicional y se acercan más a reinterpretaciones internacionales del arroz.
Para muchos valencianos, algunas de estas propuestas entrarían directamente en la categoría popularmente conocida como “arroz con cosas”.
Un ambiente muy diferente al de TastArròs
La escasa afluencia observada durante buena parte de la mañana resulta especialmente llamativa cuando se compara con otros acontecimientos gastronómicos relacionados con el arroz que se celebran en Valencia.
Uno de los ejemplos más evidentes es TastArròs, que tradicionalmente consigue concentrar a miles de personas en la plaza del Ayuntamiento y convertir el arroz valenciano en protagonista absoluto durante toda la jornada.
En el World Paella Day, al menos durante las primeras horas, la imagen era muy diferente.
El espacio no terminaba de llenarse y el movimiento alrededor de las zonas de cocina era reducido.
Palomas y suciedad sobre un evento gastronómico
Pero este año existe además otro elemento que llama especialmente la atención: el estado del tinglado bajo el que se celebra parte del evento.
Solo hace falta levantar la vista.
La estructura presenta desde hace tiempo una importante presencia de palomas, nidos y restos asociados a estas aves, una situación sobre la que vecinos de la zona han mostrado anteriormente su malestar.
El problema adquiere una dimensión diferente cuando debajo se desarrolla precisamente una actividad gastronómica en la que se cocinan, manipulan y consumen alimentos.
La presencia de aves en estructuras urbanas no resulta excepcional, pero el contexto obliga a preguntarse si el espacio ofrece las mejores condiciones posibles para albergar un evento de estas características.
La paella como reclamo internacional
El World Paella Day nació con la intención de proyectar internacionalmente la paella y convertir cada 20 de septiembre en una jornada de celebración mundial del plato valenciano.
La fórmula consiste en invitar a cocineros extranjeros para que adapten la paella a ingredientes y tradiciones de sus respectivos países.
Ese concepto genera cada año dos lecturas distintas.
Por una parte, quienes consideran que estas reinterpretaciones ayudan a difundir internacionalmente el nombre de Valencia y de la paella.
Por otra, quienes entienden que utilizar el nombre del plato para elaboraciones muy alejadas de su receta tradicional termina desdibujando aquello que precisamente se pretende promocionar.
Mirar dentro de la paella… y también encima
Este domingo la discusión no está únicamente en los ingredientes.
La combinación de poca afluencia durante las primeras horas, propuestas culinarias muy alejadas de la receta valenciana y un emplazamiento con presencia visible de palomas y suciedad ha dejado una imagen poco favorecedora para una cita que pretende presentar la paella como uno de los grandes símbolos gastronómicos de Valencia.
Así que quienes se acerquen al World Paella Day pueden fijarse en qué lleva cada arroz.
Pero quizá convenga también mirar unos metros más arriba.
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