Cuando el mejor aliado contra la obesidad es uno mismo

 

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Un 14 por ciento de los valencianos son obesos, es decir, su índice de masa corporal (IMC) es superior a 30. El problema para ellos se agrava cuando aparecen patologías asociadas como diabetes, colesterol, hipertensión o apnea del sueño, o cuando se supera la barrera de 40 de IMC.

Llegados a este punto, cuando todo falla, acceder a una cirugía de reducción de estómago supone para muchos pacientes el último recurso. Sin embargo, gran parte del éxito de la intervención recae sobre el propio paciente.

Se calcula que cada año en España se realizan alrededor de 7.000 intervenciones quirúrgicas para reducir peso. Pero, la cirugía no es una solución en sí misma. Los especialistas advierten que sin una adecuada preparación mental y actitudinal del paciente, incluso este último recurso puede fallar.

«El paciente debe estar concienciado y saber que tras la operación no podrá comer como antes y que tendrá que cambiar sus hábitos de vida y practicar ejercicio moderado. De ahí que el seguimiento sea uno de los elementos clave», explica Francisco Calvillo, psiquiatra de la Unidad de Obesidad y Cirugía Bariátrica del Hospital de Manises.

Actitud antes de la cirugía

A nivel psicológico, la «actitud ganadora» es una combinación de necesidad y ganas de vivir. «La necesidad suele ser médica, ya que la obesidad coexiste con muchas patologías, pero también vivencial. Sin considerar la que podría parecer más presente, el aspecto, hay otra necesidad que tiene mucha más importancia: la limitación de movimientos que tiene el individuo con obesidad, el esfuerzo cotidiano para realizar cualquier desplazamiento, para levantarse de una silla, para jugar con los hijos, para cambiar de posición en la cama… Antes de la intervención acaban renunciando de manera lenta y progresiva al movimiento. Ésa es la cárcel sin barrotes que puede llegar a ser lo más terrible de la obesidad. Pero aún así, nada de eso es suficiente sin las ganas de vivir mejor. Eso es lo más importante».

A nivel nutricional es importante conocer los hábitos alimentarios del paciente mediante una entrevista dietética, para saber qué come, cuándo lo come, en qué cantidad, etcétera. Para comenzar a corregir aquellos hábitos erróneos antes de la cirugía, explica Marc García, nutricionista del Hospital de Manises.

Además, en estas entrevistas ya se informa al paciente de los cuidados que tendrá que llevar tras la intervención. Deberá seguir pautas dietéticas y suplementación nutricional. El objetivo es comenzar un trabajo de educación alimentaria, lo que facilitará la adopción, después de la cirugía, de unas pautas que ayuden a perder el peso y eviten la aparición de complicaciones», aclara García.

A veces es mejor esperar

Precisamente las motivaciones psicológicas hacen que los profesionales a veces se planteen que quizás es mejor esperar antes de realizar una intervención de obesidad.

«Esto ocurre en menos del cinco por ciento de los pacientes valorados, pero es una realidad», afirma Calvillo. Los motivos en estos casos son variados.

En primer lugar se da la circunstancia en la que el mismo paciente duda abiertamente sobre su capacidad y predisposición para mantener las pautas que debería seguir después de la intervención, o teme de manera exagerada someterse a una operación.

También se aconseja posponer la cirugía cuando el entorno vital del paciente no apoya este cambio y se constata que no podrá mantener las pautas de alimentación necesarias. Los cuadros depresivos o si la persona está todavía en un proceso de abstinencia alcohólica o de otros tóxicos también son un motivo para aguardar un momento mejor. Lo mismo ocurre en pacientes en los que no ha transcurrido un tiempo prudencial entre la recuperación de algún trastorno de la conducta alimentaria y el momento de valorar al paciente.

En muchos de estos casos en los que se opta por un aplazamiento en busca de un momento mejor, desde el punto de vista psicológico, se producen cambios sorprendentes. Según cuenta Calvillo, se ha dado el caso de que algunos pacientes han perdido peso de manera progresiva y sin suponerles un esfuerzo especial siguiendo las indicaciones del endocrinólogo, con perspectivas de llegar a su peso saludable sin necesidad de operarse. «Y es que la entrada en un protocolo cuya perspectiva es la cirugía tiene, a veces, efectos sorprendentes en cuanto a lo que puede cambiar los hábitos de vida de una persona».

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Jose Cuñat

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