Cómo almacenar la leche materna

La leche materna es un alimento vivo que además de nutrientes tiene muchas propiedades antioxidantes, antibacterianas, prebióticas, probióticas e inmunitarias. Sustancias que van a sufrir ligeras modificaciones en el proceso de extracción y almacenamiento. No obstante, sigue siendo el estándar de oro para la alimentación infantil.Con el fin de alterar mínimamente los componentes de la leche, es recomendable antes de la extracción realizar un lavado minucioso de las manos con agua y jabón o con un gel desinfectante sin agua. De este modo, disminuiremos el crecimiento bacteriano en la leche y mantendremos altos sus niveles de proteínas.

Si la extracción se realiza con un sacaleches, no es necesario esterilizar sus piezas ni los recipientes empleados para la recolección de la leche. Basta con que estos se limpien con agua caliente y jabón, se aclaren bien con agua y se dejen secar bien al aire o utilizando papel para eliminar así cualquier resto de humedad evitando de este modo que las bacterias se reproduzcan. Como alternativa al lavado manual, podemos emplear el lavavajillas. En cambio, los métodos de desinfección químicos no son recomendables, ya que pueden dejar residuos y ser tóxicos para el lactante.

Una vez extraída la leche, esta puede mantenerse a temperatura ambiente (16º-29ºC) durante unas cuatro horas, incluso 6-8 horas si las condiciones de higiene son óptimas. Aunque si no va a ser utilizada es mejor guardarla en nevera o congelarla. En nevera la leche materna puede permanecer hasta 8 días. Si la congelamos podemos mantenerla durante 3 meses (-18ºC), con la cautela de guardarla en la parte posterior del congelador, para evitar recalentamientos intermitentes cada vez que se abra la puerta del congelador. Otra precaución a tener en cuenta a la hora de guardar la leche en un congelador de descongelación automática es evitar que el recipiente esté en contacto con las paredes del congelador.

Para evitar posibles contaminaciones los recipientes utilizados deben de estar correctamente cerrados, no deben ser llenados hasta el borde. Hay que dejar un espacio que permita que la leche se expanda durante la congelación y evitar roturas.

En cuanto al tamaño de los recipientes, estos no deben de ser demasiado grandes o de lo contrario se producen perdidas innecesarias si el lactante no consume toda la cantidad. Una vez descongelada esta no debe guardarse más de 24 horas en la nevera ni dejarse a temperatura ambiente un tiempo superior a 2 horas. A la vez, la leche que ha entrado en contacto con la boca del lactante debe desecharse dentro de 1 ó 2 horas después de la toma. Como es difícil saber la cantidad que va a tomar el lactante y a fin de no desperdiciarla, recomiendo utilizar diferentes tamaños de recipientes (60- 90- 120 ml).

Si se requiere mezclar leche de diferentes extracciones, es necesario que la leche recién extraída se enfríe antes de añadirla a la leche ya refrigerada o congelada, para impedir así que se recaliente la que ya tenemos guardada. En ocasiones al descongelarla puede tener un olor a rancio, olor debido a la oxidación de sus ácidos grasos, que se encargan de impedir el crecimiento de microorganismos en la leche al ser descongelada. Este olor, a pesar de ser desagradable, no altera el sabor de la leche, al igual que sucede con otros alimentos, como el queso o el pescado que a pesar de tener un olor desagradable no se ve afectado por ello su sabor. Tampoco el lactante suele rechazar tomar leche materna por esta causa.

Para descongelar la leche podemos hacerlo de diversas formas; bien dejándola en la nevera durante la noche; o colocándola en un recipiente con agua caliente; o utilizando un calentador sin agua. Descongelarla de forma lenta en la nevera produce menos perdida de grasa que si lo hacemos de forma rápida. En cuanto al microondas, no se recomienda para la descongelación, ya que afecta a la actividad de los factores inmunológicos que tan importantes son para la salud del lactante.

Para dársela al bebé, no es necesario calentarla demasiado, la mayoría la prefieren a temperatura ambiente, además el sobrecalentamiento produce la desnaturalización e inactivación de las proteínas y disminuye su contenido graso.

Es importante que sepamos cómo debemos de manipular y conservar la leche extraída para poder utilizarla cuando las circunstancias impidan que el lactante se alimente directamente del pecho. Porque la leche materna extraída fresca, refrigerada o congelada sigue siendo el alimento idóneo para el lactante mucho mejor que cualquier leche de fórmula.

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