Los Sirvent, la familia detrás del turrón español “más caro del mundo” que nació en Jijona hace 300 años
Bautista Sirvent fundó en 1725 un pequeño obrador artesanal en Jijona. Tres siglos después, su apellido sigue ligado a uno de los turrones más exclusivos y reconocidos de España.
Bautizaron su producto como “el turrón más caro del mundo” y, lejos de abandonar el lema con el paso del tiempo, lo han mantenido durante tres siglos. Detrás de esa afirmación hay una historia familiar que arranca en Jijona (Alicante) en el año 1725 y que hoy sigue viva bajo el nombre de Turrones Jijona 1880.
El origen se sitúa en Bautista Sirvent, quien fundó su primer obrador artesanal en pleno siglo XVIII, en una época en la que el turrón era un dulce reservado casi exclusivamente a fechas señaladas como la Navidad o las ferias de invierno. Aquel obrador, sencillo y austero, se ubicaba junto a la vivienda familiar y funcionaba con calderos de cobre, fuego de leña y almendras procedentes de campos cercanos.
Desde entonces, once generaciones de la saga Sirvent han continuado con el oficio, convirtiendo aquel pequeño taller en una de las firmas de dulces más reconocidas del país.
El contexto que dio origen al lema
El famoso lema del “turrón más caro del mundo” se consolidó en un contexto histórico complicado. Tras la posguerra española, las materias primas necesarias para elaborar turrón —especialmente la almendra y la miel— tenían un coste desorbitado y eran difíciles de conseguir.
Pese a ello, la familia Sirvent decidió no rebajar la calidad del producto. Apostaron por ingredientes nobles y por mantener un proceso de elaboración exigente, aun a costa de producir menos. De esa decisión surgió un posicionamiento que acabaría convirtiéndose en el buque insignia de la marca.
En una España profundamente rural, donde los oficios artesanos marcaban el ritmo del día a día, el turrón de Jijona era sinónimo de celebración, de trabajo paciente y de saber hacer transmitido de padres a hijos.
Una receta sencilla que exige experiencia
La receta tradicional apenas ha cambiado con el paso de los siglos: almendra, miel, azúcar y clara de huevo. Sin embargo, lo verdaderamente determinante no estaba en los ingredientes, sino en la experiencia.
Saber cuándo la miel alcanza el punto exacto, cuánto tiempo debe trabajarse la masa o cómo debe reposar el turrón para lograr la textura perfecta eran conocimientos que no se escribían, sino que se aprendían en el obrador, generación tras generación.
No fue hasta 1880 cuando se fijó la primera receta original por escrito. De ahí procede el nombre con el que hoy se conoce la marca.
Del obrador local a las grandes ciudades
Con la llegada del siglo XX y los primeros avances industriales, el turrón empezó a viajar más allá de su comarca de origen. Las tabletas dejaron de consumirse solo en el entorno rural y comenzaron a llegar a las grandes ciudades.
Aun así, la familia mantuvo una decisión firme: no alterar la esencia del producto. Ni las guerras, ni la escasez, ni los cambios del mercado lograron romper el vínculo con el oficio. Incluso en los años más duros, se siguió elaborando turrón, aunque fuera en cantidades mínimas, porque abandonar el trabajo habría significado romper un legado.
Un dulce asociado a la alta gastronomía
Con el paso del tiempo, el turrón 1880 se convirtió en algo más que un dulce navideño. Su consumo empezó a asociarse a una clientela gourmet, interesada en la cultura gastronómica y en productos de alta calidad.
No tardó en hacerse un hueco entre la alta sociedad y en convertirse en uno de los dulces navideños más apreciados en círculos exclusivos. En 1974, la familia Sirvent inauguró el Museo del Turrón, consolidando su papel como referente histórico del sector.
Presente y futuro de la saga Sirvent
Hoy, el grupo alicantino es propietario de marcas tan conocidas como El Lobo, 1880 y Doña Jimena. En 2022, la compañía facturó cerca de 34 millones de euros, demostrando que la tradición y la viabilidad empresarial no son incompatibles.
Desde 2024, Beatriz e Isabel Sirvent están al frente de 1880 como accionistas mayoritarias, convirtiéndose en las primeras mujeres de la saga en asumir la dirección de la empresa.
En 2025, la firma ha sorprendido con nuevas líneas de producto, como helados elaborados a partir del turrón 1880 y una gama de turrones y polvorones para perros bajo la marca El Lobo.
Tres siglos después de aquel primer obrador en Jijona, la filosofía sigue siendo la misma: respetar la receta, los tiempos y el origen. Han cambiado los medios y el mercado, pero no la idea que dio sentido a todo. Por eso, para muchos, el turrón 1880 sigue siendo sinónimo de exclusividad, historia y tradición viva.
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