La uva de Nochevieja del Vinalopó afronta una campaña complicada por la caída de la demanda
La tradicional uva que acompaña a las doce campanadas vive un final de año marcado por la bajada del consumo, el aumento de costes y los efectos del cambio climático.
La uva de Nochevieja que se cultiva en el valle del Vinalopó atraviesa este año una campaña especialmente compleja. La combinación de una demanda a la baja, un incremento relevante de los costes de producción y una climatología adversa está afectando de forma directa a la rentabilidad de agricultores y comercializadores.
A pesar de que la producción ha aumentado respecto al año pasado y supera los 31 millones de kilos, el consumo no acompaña. La variedad aledo, la más habitual en estas fechas, concentra cerca de la mitad de la cosecha, pero su salida al mercado está siendo más lenta de lo esperado.
Menor consumo y precios más altos
El encarecimiento general de la cesta de la compra está influyendo en las decisiones de los consumidores. La uva de mesa no es considerada un producto esencial y, en un contexto de inflación sostenida, muchas familias optan por reducir su consumo o buscar alternativas más económicas.
A esta situación se suma la competencia de uva de contraestación procedente de otros mercados, lo que amplía la oferta en los puntos de venta y resta protagonismo a la uva del Vinalopó, pese a su vinculación histórica con la tradición de las doce uvas.
Aumento de costes y más mano de obra
La campaña actual también está marcada por un incremento notable de los costes. La uva de este año requiere más trabajo en almacén, especialmente en tareas de limpieza y selección, lo que obliga a contratar a más personal y a aumentar las horas de trabajo.
Este esfuerzo adicional repercute directamente en la balanza económica del sector, que ve cómo los márgenes se reducen mientras los gastos siguen creciendo.
Impacto del cambio climático
Los productores advierten además del efecto del cambio climático sobre un cultivo especialmente delicado. Las olas de calor aceleran el envejecimiento del fruto y dificultan su conservación, mientras que las restricciones en el uso de fitosanitarios complican el control de plagas.
Estas limitaciones provocan mayores pérdidas de cosecha y obligan a extremar los cuidados en campo, incrementando aún más los costes de producción.
Una tradición que resiste
Pese a las dificultades, el sector defiende el valor simbólico y cultural de la uva embolsada del Vinalopó. Los productores recuerdan que la tradición de comer doce uvas para despedir el año nació en este territorio y que su sabor, piel fina y método de cultivo artesanal la convierten en un producto único.
Desde el sector se hace un llamamiento a los consumidores para que identifiquen y apuesten por la uva amparada por la denominación de origen, como forma de mantener viva una tradición centenaria ligada al inicio del nuevo año.
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