Una ostra tropical invasora se expande por el Mediterráneo y ya está presente en la Comunitat Valenciana

19 agosto, 2026
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El CSIC detecta la proliferación de la ‘Pinctada radiata’ desde Cataluña hasta Almería y confirma su asentamiento en las Islas Columbretes, favorecido por el calentamiento del mar

Una ostra perlífera invasora de origen tropical está extendiéndose de forma generalizada por el Mediterráneo occidental y ya ha colonizado diferentes puntos de las costas españolas, incluida la Comunitat Valenciana. Se trata de la Pinctada radiata, una especie procedente del Mar Rojo cuya expansión preocupa por sus posibles efectos sobre la biodiversidad marina autóctona.

Un estudio coordinado desde el Instituto de Acuicultura Torre de la Sal (IATS-CSIC), en Castellón, ha permitido reconstruir con una amplitud inédita el avance de esta especie gracias a una red formada por 132 puntos de seguimiento repartidos por ocho países mediterráneos.

Los resultados muestran su presencia en España desde el sur de Cataluña hasta Almería, con registros también en las Islas Columbretes, frente a la costa de Castellón.

La investigación señala al aumento de la temperatura del Mediterráneo y a la elevada capacidad de dispersión de las larvas de esta ostra como dos factores fundamentales para explicar su avance.

De registros aislados a una expansión generalizada

La Pinctada radiata no es una recién llegada al Mediterráneo. Originaria del Mar Rojo, entró a través del canal de Suez en el siglo XIX y está considerada la primera especie invasora registrada en este mar.

Su presencia estaba consolidada desde hacía tiempo en el Mediterráneo oriental, mientras que en la cuenca occidental los registros habían sido históricamente mucho más esporádicos.

La situación está cambiando.

«Lo que observamos ahora es que el Mediterráneo occidental experimenta actualmente una expansión generalizada», explica Júlia García Colomé, investigadora del IATS y primera autora del trabajo publicado en Marine Environmental Research.

Los datos recogidos entre 2015 y 2024 muestran nuevos episodios de colonización especialmente en el Mediterráneo occidental, además de los mares Adriático y Egeo.

Detectada en las Islas Columbretes antes de colonizar el fondo marino

Uno de los ejemplos más significativos se encuentra en la reserva marina de las Islas Columbretes.

Los investigadores localizaron por primera vez ejemplares en los colectores de larvas instalados en el archipiélago castellonense en 2020. Sin embargo, hubo que esperar hasta 2022 para comprobar su asentamiento en el medio natural.

Esta diferencia de dos años resulta especialmente relevante para los científicos porque demuestra que el sistema puede funcionar como una alerta temprana frente a las invasiones biológicas.

Los colectores utilizados son unas mallas que proporcionan un sustrato sobre el que pueden asentarse las larvas transportadas por las corrientes marinas.

Son dispositivos económicos, sencillos de fabricar y relativamente fáciles de instalar y revisar, lo que permite desplegarlos en amplias extensiones del litoral.

En la Comunitat Valenciana, además de las Columbretes, la red permite realizar seguimientos en enclaves como las aguas de la Serra d’Irta y el Cabo de San Antonio.

Una red de 132 puntos en ocho países

La investigación ha utilizado colectores instalados en 132 localidades de Argelia, Croacia, Chipre, Francia, Grecia, Italia, Eslovenia y España.

En algunos puntos existen series de seguimiento que superan los diez años.

El trabajo ha contado con la participación de más de 70 investigadores, además de instituciones, organismos públicos y administraciones relacionadas con la conservación y vigilancia ambiental del Mediterráneo.

En España, los registros más antiguos obtenidos mediante esta red se remontan a 2016 en Baleares. Posteriormente, la especie habría continuado avanzando hacia otros puntos, entre ellos Columbretes.

Los registros alcanzan actualmente Agua Amarga, en Almería, sin que mediante este seguimiento se hayan observado hasta ahora asentamientos más allá de esa zona.

¿Por qué preocupa la ‘Pinctada radiata’?

La ostra perlífera está incluida entre las 100 especies invasoras consideradas más problemáticas del Mediterráneo debido a los efectos que puede provocar sobre los ecosistemas.

El CSIC señala que en el Mediterráneo oriental su proliferación ya ha provocado desplazamientos de especies autóctonas y alteraciones importantes en la cadena trófica.

El problema adquiere una dimensión mayor teniendo en cuenta el número de organismos foráneos presentes en este mar. Las estimaciones manejadas por el organismo científico sitúan en alrededor de 1.000 las especies invasoras existentes en el Mediterráneo, de las que aproximadamente 600 ya se encuentran establecidas.

El calentamiento del Mediterráneo favorece su expansión

Los investigadores relacionan directamente el avance de esta especie tropical con el progresivo calentamiento de las aguas.

Según los datos recogidos en el estudio, el Mediterráneo se está calentando a un ritmo tres veces superior a la media mundial.

La situación puede comprobarse en puntos especialmente sensibles. En las Islas Columbretes, la temperatura del agua ha aumentado 1,5 grados desde 1990, según señala el investigador del CSIC Diego Kersting.

En otras zonas se están alcanzando registros todavía más extremos, con temperaturas recientes de hasta 33 grados en Sa Dragonera, Mallorca.

Por el contrario, áreas tradicionalmente más frías, como el Golfo de León o el norte del Adriático, permanecen todavía libres de Pinctada radiata.

El CSIC reclama mantener la vigilancia

Los científicos consideran que la experiencia demuestra la utilidad de los colectores no solamente para estudiar esta ostra, sino también para anticipar la llegada de otras especies invasoras.

De hecho, los dispositivos de Columbretes comenzaron a utilizarse en 2003 para estudiar la nacra (Pinna nobilis), un bivalvo emblemático del Mediterráneo que actualmente se encuentra en peligro crítico de extinción. Posteriormente, los investigadores comprobaron que la misma infraestructura podía servir para vigilar organismos invasores.

Kersting defiende ahora la necesidad de mantener la red y proporcionarle financiación estable.

La posibilidad de detectar una especie antes de que llegue a establecer poblaciones en el medio natural puede proporcionar un margen de actuación especialmente valioso ante un fenómeno que, además de amenazar la biodiversidad mediterránea, puede terminar provocando importantes costes ambientales y económicos.

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