Turismo y gastronomía, sin paradas intermedias

 

Con el mes de enero consumido, movidos por la curiosidad que ha generado Madrid Fusión y empeñados en no olvidar las experiencias vividas en Fitur, nos aferramos ciegamente a la esperanza del turismo gastronómico, mientras nos sentimos tentados para hablar sobre su futuro. Maridaje de sintonía culinaria, afinidad hostelera y confianza turística.

El turismo gastronómico ha visto resurgir destinos que todos creíamos ya superados. La evolución de la alta cocina y los cambios en general, de barras y estrellas, demuestran que ningún lugar puede darse por visitado para siempre. Mantener los valores hosteleros en los que se sustenta las escapadas de fin de semana requiere de un esfuerzo y una evolución culinaria continua.

La transversalidad del turismo gastronómico es una seña de identidad de la madurez gourmet. La conciliación es básica. Ambas actividades están interrelacionadas, aunque a veces, el desequilibrio cualitativo de cierta hostelería lo desmienta. Reiteramos nuestra turbaba perplejidad ante la circunstancias incongruentes de determinadas mezquindades hosteleras sin moratoria gustativa. Con especial incidencia en el turismo de sol y playa. Hay sobremesas que son difíciles de entender y más de explicar. Olvidemos pues algunas ofertas culinarias pretéritas que deben viajar hacia la extinción.

Auguramos el nacimiento de una nueva época donde diferentes ciudades despiertan de su letargo turístico. Las escapadas gastronómicas han calado entre el gran público. Muchos destinos esperan que la oferta culinaria renovada restaure parte del poder turístico perdido.

Aunque cada turista busca encerrar sus paladares en las burbujas gustativas favoritas, al final hay una coincidencia global: El turismo gastronómico está lleno de franquicias hosteleras consolidadas y de profetas culinarios iluminados seguidos por miles de turistas gourmet.

Los turistas viajan cotidianamente a hemisferios gastronó-micos, donde cohabitan sus restaurantes favoritos frente a otros desconocidos, con intuiciones comensales calculadas. Al llegar al destino se introducen en una etapa de verdades gustativas íntimas, de secretos culinarios bien guardados, de situaciones hosteleras postergadas, de indagaciones gastrónomas, de revelaciones abrumadoras del paladar. En el manual de cualquier viajero gastrónomo está presente la búsqueda de sobremesas balsámicas que dejen atrás comidas convulsas difíciles de olvidar.

Bajo el amplio manto del populismo gastronómico, los nuevos restaurantes que más atraen están instalados en la naturalidad gastrónoma, que avanza con rotundidad cualitativa en los tradicionales destinos turísticos.

Conviene ir acostumbrándose a las nuevas orientaciones hosteleras. Al equilibrio entre los que nos ofrecen y lo que al final nuestros paladares interpretan. Viene esta reflexión a cuenta de lo visto y oído la semana pasada en la tumultuosa Feria Internacional de Turismo Fitur. Por si a alguien le cabía alguna duda, el turismo gastronómico pisa fuerte.

A medida que se van desvelando los detalles de la oferta turística de este año empiezan a aparecer evidencias que el desarrollo de la oferta gastronómica para sustentar el crecimiento turístico es demoledor. Ya no es necesario acelerar los plazos para equipararnos a otras comunidades. El proceso está culminado con el principio de irreversibilidad cualitativa.

No sólo el valor añadido de la paella tutelada es un hecho diferenciador frente a otros destinos. La Comunidad Valenciana está plagada de referencias exitosas, en escapadas gastronómicas, donde priman la diversidad del producto y la gastronomía de vanguardia. Turismo & Gastronomía, sin paradas intermedias.

Jose Cuñat

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