Recetas y secretos en la España del Siglo de Oro: la fabricación de tinta negra (I)

 “Echa a remojar en açumbre[i] y medio de vino ó de agua, 6 onzas[ii] de agallas[iii] quebradas y [déjalas que] estén 4 ó 6 días. Luego quita las agallas y echa en aquel vino 5 onzas de caparrosa[iv] muy bien molida y tres onzas de goma arabiga[v] molida ó deshecha en agua ó en [el] vino de antes,  meneandola poco a poco bien para que se encorporen. Y ponlo al sol 4 ó 6, u 8 dias, hasta que veas que està buena. Y puedesle echar una cáscara de granada[vi] para que tenga más lustre, aunque no es menester, y cuelala.”.  (BNE, Mss/9226, fol. 187).

Con la nota en el margen, la que yo solia hacer, destacaba el corrector de libros en el Consejo de Castilla, Juan Vázquez del Mármol, ésta de entre las más de 70 recetas de tintas, engrudos, sisas y otros secretos de escribir que recogía en su recetario sacado de D. Alejo Piamontés y de otros autores y que hoy se conserva en la Biblioteca Nacional.  El detalle es de especial interés al tratarse de la opinión de un ávido lector y fecundo escritor, que conocía a la perfección su oficio, utilizaba tinta a diario y sabía de primera mano de sus ventajas e inconvenientes. Y es que, aunque bibliotecarios, archiveros y restauradores solemos hablar de tintas ferrogálicas o metaloácidas para referirnos de forma genérica a las utilizadas en la escritura de manuscritos entre el siglo III d.C. y el XIX, no existía una sola fórmula para la tinta negra y sí un amplio repertorio de recetas que satisfacían necesidades de escritura diferentes. En la recopilación de Vázquez del Mármol encontramos un buen número de ellas: para escribir sobre pergamino, sobre papel, en polvos para usar en el momento, tintas para ser borradas sin dejar rastro, color verde para iluminar, secretos para hacer letras de oro sin oro y de plata sin plata, tintas moradas y rojas, verdes, amarillas, más blancas que el papel e, incluso, una receta que permitía leer lo escrito sin luz.

Recetas de tinta negra y otros colores (Juan Vásquez de Mármol, s.XVI)

Recetas de tinta negra y otros colores. En Papeles varios escritos y recopilados por Juan Vásquez del Mármol, S. XVI. Fol. 187.

Las de hierro y ácido gálico fueron sin duda las tintas para escribir más frecuentes en el Siglo de Oro. Su simple composición se reducía a cuatro ingredientes básicos: un líquido, normalmente agua o vino; sales de hierro, de cobre o una combinación de ambas que proporcionaban el color al mezclarse con el tercer elemento, el ácido de las agallas de roble o carrasca, y goma, espesante que modificaba el flujo de tinta en la pluma y su absorción por el papel. Partiendo de la combinación de estos cuatro elementos, de la variación de las proporciones y añadiendo otros componentes, los fabricantes de tinta obtenían una amplia gama de colores, consistencias y diluciones que servían para escribir diferentes tipos de documentos. Así, en la receta del fraile Martín de Palencia, iluminador de libros de coro de El Escorial, la composición se adecuaba a la escritura de libros miniados: “Para hazer un açumbre de tinta, echa en açumbre y medio de vino blanco donzel[vii] 6 onzas de agallas quebrantadas, y dexalas estar 9 dias meneandolas mucho. Al cabo dellos cuela este vino en otra olla y echa en el 6 onzas de caparrosa y otras 6 de goma. Luego echa açucar piedra[viii], y piedra alumbre[ix] y añil[x], de cada cosa media onça, y tenla al sol dos ó tres dias meneandolo bien, ó a fuego manso. Y cuando estè hecha guardala en vaso limpio, en lugar fresco. (Mss/9226, pág. 71)[xi]. La adición de nuevos componentes -añil, alumbre y azúcar- modificaba las propiedades de la tinta, pues si en la primera receta se trataba de hacer una de escritura rápida, muy líquida y que fluyera fácilmente, en el segundo secreto se buscaba una mayor densidad y un tono más oscuro. En ambas se utilizaba la misma cantidad de vino y de agallas, pero se duplica la cantidad de goma para aumentar la densidad[xii]. El añil oscurecía y daba un tono azul, el alumbre mejoraba la fijación del color y el azúcar daba brillo y reforzaba la adhesión al soporte.

Ingredientes utilizados para fabricar tinta en el Siglo de Oro

Vino blanco o agua, agallas de roble, goma arábiga y caparrosa, fueron los principales ingredientes utilizados para fabricar tinta en el Siglo de Oro.

Los procedimientos de fabricación también variaban. Para la obtención del ácido gálico se solían machacar las agallas y se dejaban en infusión varios días al sol, aunque también era posible la cocción “a fuego manso”, especialmente cuando se trataba de agallas ya utilizadas o cuando se reducían los tiempos de fabricación. La maceración oscilaba entre cuatro y 15 días, según la época del año -más tiempo en invierno- y el juicio del fabricante, pero en el transcurso era necesario removerlas con frecuencia: “Una azumbre de vino blanco se a de hechar en una olla vidriada con un quarteron[xiii] de agallas finas quebradas, y no molidas. Y a de estar el vino en infusión con las agallas 9 días, y los quatro al sol, y juntamente se a de echar en esta infusión con las agallas dos puños de pedacillos de menudos de iguera[xiv] con su leche y todo. Y se a de menear toda esta infusión con un palo largo de igera 6 u 8 veces cada dia de los 9 que ha de durar la infusion. Despues de estos 9 dias se han de echar tres quarterones de caparrosa verde molida, y en ella a de estar en infusion todo junto 4 dias: Despues se a de colar todo esto en otra olla vidriada, y despues que este colado se an de hechar dos ozas de buena goma muy molida, y un quarteron de açeche[xv] molido. Con esto sale la tinta muy fina. // En las ezes que quedan se puede volver a hechar media azumbre de vino blanco, y que este en infusion 15 o 20 dias y despues colarse para con el cebar la primera tinta, y en acabandose se puede cebar con vino blanco solo. // Esta rezeta me dio Simon de Plaza librero de esta Univ.d de Salamca. en 17 de julio de 1656[xvi]. (BNE, Mss/6772, fol. 295).

En esta última receta, su autor introduce algunas cuestiones interesantes. Por un lado, la adición de sales metálicas en dos etapas, caparrosa verde –de hierro- y, pasados cuatro días, aceche, denominación de origen árabe para el sulfato de cobre o de hierro. En segundo lugar, las agallas ya utilizadas se podían emplear para renovar o refrescar la tinta. Incluso, si era necesario, se podría añadir únicamente vino, lo que proporcionaría una tinta con menos tono y de inferior calidad. Esta necesidad de “alargar” la cantidad de tinta sin tener que comprar o hacer otra nueva podía ser cubierta por otros medios. Un delicioso diálogo sobre la escritura sirve a Luis Vives para introducir una serie de datos muy interesantes sobre los problemas técnicos de la escritura: “MANRIQUE.- Mi tinta está tan crasa y espesa que dirías que es lodo […]; yo echaré en el tintero algunas gotas de agua para que la tinta esté más clara. MENDOZA.- Yo me orinaría en el tintero. MANRIQUE.- ¡Oh, no quiero orines, que echa mal olor la tinta y cuanto escribieres, y luego con dificultad quitarás este mal olor de los algodones, aunque los laves! Mejor fuera vinagre, si lo hubiésemos a mano, porque, por lo fuerte que es, presto aclara la tinta más espesa”. (BNEU/1583, fol. 127). Finalmente, hay que destacar la mención a los palos de higuera, frecuente en las recetas españolas. La leche de higuera es látex y se compone de grasa, ceras y resinas gomosas de gran elasticidad. Su uso mejoraba sensiblemente la calidad de la escritura. Sus propiedades eran conocidas entre los escribanos árabes y testimonio de ello ofrece la única receta de tinta morisca conservada en nuestra colección de manuscritos árabes: “Tomarás una olla que quepa la cuarta parte del agua de un cántaro y echarás allí ocho onças de goma arábiga y removen cuatro días. Y depués echa diez onças de galas bien molidas y dexenlas tres días. Y depués echen seis onças de caparós molido y depués déxenlo dos días y remeserlan dos vezes cada día con un palo de figuera. Y no la pongan al sol ni al fuego en ningún tienpo. Y depués de colada  echen otra tanta agua en lo que queda de la tinta y dexenla allí otros cuatro o sinco días, y será buena tinta, si Dios quiere[xvii]. (BNE MSS/5300, fol. 21 vº. Trascripción de Elena Asensio Muñoz).

Texto por: Arsenio Sánchez

Para saber más.

Contreras Zamorano, Gemma María. La tinta de escritura en los manuscritos de archivo valencianos, 1250-1600. Análisis, identificación de componentes y valoración de su estado de conservación. Tesis doctoral presentada en la universidad de Valencia, 2005. Disponible enhttp://roderic.uv.es/bitstream/handle/10550/48189/TesisGCZ.pdf?sequence=1&isAllowed=y.

Criado Vega, Teresa. Tratados y recetarios de técnica industrial en al España medieval. La Corona de Castilla, siglos XV – XVI. Tesis doctoral presentada en la universidad de Córdoba, 2013. Disponible enhttp://helvia.uco.es/xmlui/bitstream/handle/10396/8628/2013000000666.pdf?sequence=1

Kroustallis, Stefanos, “La tinta negra ferrogálica: a propósito de sus fuentes”, en V Congreso Nacional de Historia del Papel: Actas, 2003, Girona [Sarrià de Ter] : Ajuntament de Sarrià de Ter, [2003] págs. 579-584.

Kroustallis, Stefanos, “Escribir en el siglo XVI: Recetas de la tinta negra española”, en Torre de los Lujanes: Boletín de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, nº 48, 2002, págs. 99-112.

Mut Calafell, Antonio, “Fórmulas españolas de la tinta caligráfica negra de los siglos XIII a XIX y otras relacionadas con la tinta (reavivar escritos, contra las manchas y goma glasa)”, en El papel y las tintas en la transmisión de la información: primeras jornadas archivísticas. Palos de la Frontera: Diputación Provincial de Huelva, 1994, págs. 103-183.

Zerdoun Bat-Yahouda, M. 1983. Le encres noires au Moyen Âge (jusqu’à 1600). París: CNRS Editions. 1983.

Agradecimientos

Ana María Chacón y Miguel Angel Sánchez Herrador me facilitaron generosamente la transcripción de las recetas cordobesas. Javier Tacón, Mariano Caballero, Gemma Contreras y Luis Crespo corrigieron los errores del primer manuscrito.

[i] 1 azumbre equivale a 2 litros.

[ii] 1 onza son unos 28,7 gramos.

[iii] Las agallas son protuberancias esféricas que crecen en las partes blandas de los robles y otros árboles como resultado de la picadura de una avispa. Tienen el tamaño de una nuez y son ricas en ácido gálico. Fueron muy utilizadas en diferentes procesos industriales en la Antigüedad y en la Edad Media. Las más apreciadas procedían de Alepo (Siria).

[iv] La caparrosa es sulfato de cobre (caparrosa azul o vitriolo azul) o hierro (caparrosa verde).

[v] La goma arábiga es la resina procedente de las acacias subsaharianas. De color ámbar y fácilmente soluble en agua, fue muy utilizada en la elaboración de todo tipo de tintas y artículos de escritorio.

[vi] La cáscara de granada incrementaba el volumen de taninos oscureciendo aún más la tinta.

[vii] Vino joven.

[viii] El azúcar piedra o candí tiene el aspecto de piedras gruesas y se fabrica mediante la cristalización de una solución supersaturada de azúcar.

[ix] La piedra de alumbre se compone de azufre, potasio y aluminio y es una sal mineral resultado de alteraciones de rocas ricas en feldespato potásico producidas por la circulación de aguas ricas en sulfatos. Muy utilizado desde la Antigüedad, tiene la cualidad de ser un excelente fijador de los colorantes.

[x] Pasta de color azul oscuro, con visos cobrizos, que se saca de los tallos y hojas del arbusto del mismo nombre.

[xi] En medidas actuales, constaba de 3 l. de vino, 172 gr. de agallas, 143 gr. de sulfato de hierro y 86 gr. de goma arábiga.

[xii] 3 l. de vino, 172 gr. de agallas, 172 gr. de vitriolo romano o caparrosa, 172 gr. de goma, 14 gr. de alumbre, de azúcar piedra y de añil.

[xiii] Un cuarterón, en Castilla equivalía a 115 gramos.

[xiv] Ramas jóvenes de higuera troceadas en palos de no más de 12 cm.

[xv] Caparrosa.

[xvi] 2 l. de vino, 115 gr. de agallas, 345 gr. de caparrosa, 57 gr. de goma y 115 gr. de aceche.

[xvii] 2,5 l. de agua, 230 gr. de goma, 287 gr. de agallas, 172 gr. de caparrosa y, una vez hecha, se añaden otros 2 l. de agua.

Jose Cuñat

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